UNA AMISTAD PORTEÑA

UNA AMISTAD PORTEÑA

$ 60.00
IVA incluido
SIN EXISTENCIAS
Editorial:
FONDO DE CULTURA ECONOMICA (F.C.E.)
Año de edición:
ISBN:
978-970-640-146-5
Páginas:
106
$ 60.00
IVA incluido
SIN EXISTENCIAS

Luego de una estancia de casi catorce años en Europa Alfonso Reyes llega a Buenos Aires el 2 de julio de 1927 como el primer Embajador de México en la Argentina, país que gozaba en aquel entonces de un fuerte auge económico y cultural así como de un gobierno democrático y liberal. No podría haber venido un mejor representante de México que el autor de tantos libros muy apreciados en cl Río de la Plata y el diplomático que acababa de ser Ministro de su país en París, la ciudad predilecta de los argentinos. Toda la sociedad bonaerense recibió al renombrado escritor con inusitado entusiasmo. Poco antes de su llegada, algunas de las revistas de mayor prestigio como Nosotros y Síntesis ya se habían referido al intelectual mexicano mientras que su gran amigo Pedro Henríquez Ureña le dedicó un extenso ensayo en La Nación del 3 de julio de 1927. Más tarde Reyes fue homenajeado con banquetes ofrecidos por Nosotros (con discursos de Ricardo Rojas entre otros) y por Martín Fierro. Pese a esa calurosa acogida, la estancia de Reyes será caracterizada por la paradoja. Por un lado, conocerá un gran éxito social y oficial y, por otro, sufrirá enormes problemas sobre todo de índole económica. La alegría y el dolor lo acompañarán constantemente durante esos años. Encuentra difícil adaptarse a una sociedad que juzga superficial y a una ciudad que encuentra esencialmente triste pero al mismo tiempo crea amistades insuperables. En Buenos Aires participa activamente en la vida literaria, dicta conferencias (sobre América, Luis de Góngora, etc.), se acerca a las revistas del día, ejerce una valiosa influencia sobre las nuevas promociones y entabla relaciones duraderas con escritores como Jorge Luis Borges, Victoria Ocampo y Ricardo E. Molinari, por quienes sentía una auténtica admiración, pero lo desesperan los prejuicios que impiden la realización de su ideal de acercamiento entre México y la Argentina. La pureza literaria de un poeta como Molinari lo conquista, pero lo deprime la estrechez mental de otros. También se siente frustrado por no poder dedicar más tiempo

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