El cuarenta aniversario de Mayo de 1968 ha llegado precedido de la fanfarria del presidente francés Nicolas Sarkozy: su anatema -dictado en plena campaña electoral, cuando los políticos profesionales calculan hasta la última coma que pueda servirles en la lucha por el poder- es una confesión del calor que siguen desprendiendo aquellas brasas, del sentido crítico y emancipador que mantiene aquel acontecimiento. A ese imposible intento de enterrarlo estamos seguros de que se unirán muchos otros con ocasión de esta nueva conmemoración no sólo en Francia, sino en otros lugares, como ya está ocurriendo en Alemania o aquí incluso entre la derecha y tantos conversos al neoliberalismo. Hay quienes quieren apagar aquellas brasas definitivamente y hay quienes quieren (queremos) reavivarlas. Pero no como una operación nostálgica, ni en búsqueda de un ´manual de la revolución´, sino como una historia cercana a los desafíos que hay que afrontar hoy en la lucha contra el capitalismo global. éste es el sentido de este libro y éste es el enfoque común de los textos que publicamos, a la vez militantes y críticos. El acontecimiento fue, más allá del mes de Mayo, durante todo el año 1968. ése es el símbolo que los poderes establecidos quisieran