Los Treinta y cinco años de Miró que dan título a los textos reunidos en este volumen requieren alguna explicación por mi parte.
No se trata, ciertamente, de que el lector vaya a encontrar aquí, con respecto a Miró, una especie de ales de un determido período de su vida y su obra, términos éstos tan unívocos en él como más subsidiarios y equivalentes entre sí de lo que en otros mortales suelen serlo.
Por ello, Miró se presta poco a tales recuentos, por más que como en estas mismas páginas acontece se hayan intentado en múltiples ocasiones. Y no es que él fuera reacionar a que así se hiciese.
Más bien lo que ocurría era que vida y obra en él se manifestaban tan de una pieza, tan sin fisuras entre una y otra en su entidad como tales, que ante ellas no dejaba de experimentarse algún sentimiento de rechazo hasta en las ocasiones propicias a interrogarle más allá de los estrictos umbrales de su intimidad.