El que está en el
Sendero no vive para
sí mismo, sino para
los demás. Se olvida
de él para poder servir
a otros. Es como una
pluma en las manos
de Dios por la que
fluye su pensamiento y
se expresa aquí abajo.
Es como un canal de
fuego vivo que derrama
sobre el Mundo el
Divino Amor que lleva
su corazón.