¿A qué jugamos?, preguntaá muchas veces dicha y otras tantas escuchada, nos remite a la infancia, a la expectativa promisoria de la diversión, al devenir constante del juego del que no se espera el final, interrumpido casi siempre por la voz enérgica de la madre o el hermano mayor, que pone fin a la fantasía.áUn cuarto, un ropero y una caja mágica le bastan a Virginia Hernández para construir una historia fascinante en la que predomina el tema de la amistad como valor imprescindible.áEl cuarto de Pilo, que sirve a la vez como refugio a este niño de 10 años, será el espacio emblemático en el que él y su prima Mini descubrirán su afinidad. Ese cuarto, tal como una caja china, los lleva de sorpresa en sorpresa; primero el ropero que se antoja el umbral a, lo desconocido, puerta de escape a la dimensión del juego peligroso por donde transitan los otros personajes, luego la caja mágica que descubre Mini y que por un extraño conjuro de Pilo siguiendo la coordenada del juego desencadena la magia que da inicio a un periplo con extraños personajes. Ellos pondrán a prueba sus conocimientos y su instinto de supervivencia, pero sobre todo, su amistad.Fernando Rodríguez Rojero.