La poesía de David Solís es la aventura de encontrarse y perderse entre palabras, en el cruce de corrientes oceánicas que van desde el valor ´superficie´, donde hay espuma clara y sencilla, hasta el es-pasmo de llegar al fondo, al fondo de sus días, en el que está él, el re-molino, el vértigo, aquello que inefablemente nos conduce a vivir. En un primer plano, el poeta resume la vida de muchos. A este nivel pertenecen lo cotidiano, y otros mundos, aun los tres que él se inventa y reconoce como verdaderos, como suyos: el de la dicha, la ilusión o la duda. Mas paralelamente a esta visión, el poeta presiente, adivina lo que es y será, hacia el mañana, su misión. Para esto se sumerge y hurga, como quería el vate abstracto en estridente Manual de espumas, a fin de tocar aquello que nos hace ser y trascender, y dejarlo a futuro, a ese futuro hacia el que todo se dirige, para el cual los poetas escribimos porque tenemos fe en él, sabemos que existe y es, como quería Agustín de Hipona, parte del alma.