AGUA 46

AGUA 46

$ 141.67
Pesos mexicanos (MXN)
Sin Existencia, informes favor de llamar
Editorial:
VINCIANA
Año de edición:
ISBN:
978-88-8172-141-2
Páginas:
30
$ 141.67
Pesos mexicanos (MXN)
Sin Existencia, informes favor de llamar

De todos los recursos naturales, el agua es sin duda el mas valioso. Sin agua no hay vida. El hombre no puede sobrevivir mas de cuatro días sin agua. Por más que cubra el 7l% de la superficie terrestre y que se trate de un recurso renovable, el agua es de difícil acceso, costosa y contaminada, si es potable, por lo general es escasa. La multiplicidad de usos y el aumento del consumo a partir de principios del siglo XX, hacen que el agua sea cada vez más importante, convirtiéndose a menudo en objeto de contenciosos entre países, como el control de los ríos fronterizos. El agua es así el ´oro azul´ de nuestro siglo. En el Segundo Foro Mundial del Agua que se celebró en La Haya en 2000, se la definió como un bien económico al que se debe acceder como una necesidad humana básica. Ya desde la Antig?edad se conocía y temía la acción destructora del agua, como lo demuestran los relatos del diluvio universal presentes en la tradición babilónica, judía, griega y en la de muchos otros pueblos. Pero se sabía también de sus efectos benéficos, hasta tal punto que las primeras grandes civilizaciones fueron fluviales (Egipto se consideraba un ´regalo del Nilo´), y a menudo el agua estaba asociada a la salvación, como en el mito de Dánae y del pequeño Teseo, en el mito de Arión y en la historia de Moisés, así como también al de la purificación el renacimiento, que encuentra su máxima expresión en el bautismo de Cristo. Sin embargo, para encontrar expresiones artísticas que representen directamente el agua habrá que esperar. A pesar de que los griegos fueran un pueblo de navegantes y que Homero escribiera versos memorables para describir el aspecto variable del mar y la fuerza arrasadora del río Escamandro, a pesar de que manantiales, lagos, ríos y mar estuvieran habitados por ninfas, sirenas y divinidades, a pesar de que en el locus amoenus hubiera siempre un curso de agua, no encontramos testimonios significativos de la representación del agua, porque muchas obras pictóricas se perdieron. En las cerámicas, deducimos su presencia por la representación de animales y divinidades acuáticas o de embarcaciones. Está claro que la pintura parietal romana retorna los modelos helenísticos, y en los edificios de Pompeya y Herculano, sepultados por las cenizas de la erupción del Vesubio del 79 d.C, muchos frescos se han conservado intactos a través de los siglos. Sin embargo, a los modelos griegos se añadió un énfasis realista que no significa mayor objetividad: en la pista del puerto, en Stabia (siglo I d.C) los fuertes toques de luz no corresponden a una imagen real, sino que la evocan con su brillo, sin transmitir la emoción visual que provoca el espectáculo de la naturaleza en vivo.