Los enemigos del ajedrez han propagado la idea de que es un juego demasiado profundo para las inteligencias medianas y que nadie debe esperar vencer sus dificultades sin consagrarle un largo, perseverante y fastidioso estudio, que mejor debiera ponerse al servicio de una causa más noble, capaz de contribuir a aumentar la felicidad y comodidad del género humano. Es completamente falaz este prejuicio, por más que esté generalizado. Las palabras anteriores las escribió hace muchos años Emanuel Lasker, campeón mundial de ajedrez de 1894 a 1921. Millones de personas en el mundo, de todas las edades, han probado que el ajedrez no es un juego reservado para genios. Y este libro acabará de demostrar lo asequible que son las normas y tácticas de este juego milenario. De la mano de Boris de Greiff, uno de los más importantes ajedrecistas latinoamericanos, aprender y practicar el ajedrez será un placer siempre lleno de nuevas sorpresas.