El dibujante o pintor que quiera retratar un animal debe conocer su forma, para ello es necesario tener por lo menos un cono-cimiento mínimo de anatomía animal. Y precisamente, la anatomía de los animales es a menudo la base de estudio de la anatomía humana. En realidad, no sólo los monos, sino también el caballo, el león, el hipopótamo, etc. tienen fundamentalmente las mismas partes del esqueleto y la musculatura que el hombre. Todos, por ejemplo, conocemos el gato, estamos acostumbrados a verlo caminar, moverse, comer, sin embargo, ello no significa en absoluto que todos seamos capaces de dibujar un gato. Por ejemplo, piensen a ojos cerrados que deben dibujar la espalda y el miembro anterior de su gato: ¿sabrían comprender dónde se encuentra el codo o la muñeca cuando el miembro se flexiona durante el movimiento? Por esto es fácil darse cuenta de la necesidad de ´ver´ lo que hay bajo las formas externas de nuestros animales, para poderlos conocer mejor y por lo tanto retratarlos bien. Un consejo muy útil es el de esforzarse en mirar de manera diferente a los animales que se quieren retratar, como si se vieran por vez primera. Las curvas, las proporciones, el volumen, la postura de la figura, deben ser el fruto de una atenta observación. A menudo, al mirar el dibujo de un animal se notan partes del cuerpo que el dibujante no ha ´comprendido´ y que, por lo tanto, ha representado de manera aproximativa o incluso ha escondido o falseado.