La poesía de Salvador Díaz Mirón (1853-1928) corresponde -según aquella fórmula inventada por Octavio Paz que relacioba a los poetas mexicanos con u hora del día- al momento pleno del mediodía. Ello lo coloca aparte de aquellas voces dolientes e íntimas que se refugian en la penumbra del crepúsculo y el abatimiento decadentista. El suyo es un canto exaltado, ardoroso y con frecuencia volcánico que tiene mucho que ver con la propia persolidad. Pero esto no es todo. Díaz Mirón cultivó también u estética rigurosa que, con el paso del tiempo, lo transformó en un virtuoso del lenguaje y la métrica. Ejerció el periodismo en su tal Veracruz y colaboró en publicaciones de la ciudad de México. Desarrolló u intensa labor política que lo llevó a convertirse en diputado. A causa de su persolidad irascible y belicosa se batió a duelo en numerosas ocasiones y fue a prisión acusado de homicidio. Entre sus poemas, destacan Ojos verdes, Lascas, y Los peregrinos.