La sin razón del ser humano no tiene límites. La guerra, la violación sistemática y continua de los derechos humanos son y han sido siempre una constante en nuestra historia. Hace ya seis años inicié un periplo que sabía no tenía final posible, un camino llamado Apocalipsis, un viaje a ciegas por el lado más tenebroso de nosotros mismos, un viaje en el que mi compromiso absoluto ha sido mostrar esa realidad que tan lejos queda de nuestro mundo y que, sin embargo, es parte sustancial de él. Apocalipsis no pretende realizar una exhortación moralista de nuestro tiempo a través de la fotografía. Es un recorrido real por el resultado de nuestros actos como seres humanos en nuestra historia más reciente. Una década en la que hemos sido testigos, una vez más, de cómo la guerra, el genocidio y el exterminio se han justificado bajo el nombre de Dios, del lema de una nueva conciencia moral o simplemente de la consecución de determinados intereses estratégicos.