Agarrada a u rama, cabeza abajo, la pequeña ardilla descubre su mundo. Sólo tiene us semas de vida y ya está aprendiendo los secretos del bosque. Pronto sabrá correr por el suelo, saltar de rama en rama o trepar a toda velocidad hasta lo alto de un abeto. Y, a la espera de su primer invierno, guardará nueces y avellas en escondites secretos.