Es una constante en la vida que, prácticamente a diario, nos cruzamos en nuestro camino con esos grandes creadores y creadoras de sonrisas y llantos que son los niños y las niñas. Resulta casi imposible escapar a su onda de expansión. Queramos o no, siempre acabamos ofreciendo una ligera sonrisa o bien una mueca ante sus mágicas miradas: en el supermercado, en el ascensor o en la mesa de al lado en un restaurante. Muchos hemos cometido el gran error de subestimar sus respuestas y nos hemos quedado sin capacidad de reacción cuando, con una amplia sonrisa, el pequeño señor nos obsequia con un alarde de sinceridad afirmando: ?tienes los dientes amarillos?, ?tu cara es muy gorda? o directamente, ?tú eres más feo que mi mami?. Tenemos que reconocer que, cuando nuestro niño llega al mundo, queremos lo mejor para é1, queremos que sea buen deportista, buen estudiante, que sepa idiomas, que toque algún instrumento y si es posible, claro está, que duerma de un tirón en su primer año de vida. Queremos, queremos, y seguimos queriendo.