Huckleberry Finn ció para los lectores varios años antes de que su creador, Mark Twain (seudónimo de Samuel Langhorne Clemens, 1835-1910), se decidiera a contar sus aventuras en un libro. ?Las aventuras de Huckleberry Finn? es, de hecho, la continuación de ?Las aventuras de Tom Sawyer?, en el que el bueno de Huck nos es presentado como el hijo del borracho del pueblo, un niño holgazán, desobediente y ordirio por el que otros niños sienten u admiración incondiciol y sincera, sólo comparable al temor y la aversión que sus madres le profesan. Para los niños de la pequeña población de San Petersburgo, Huck es un ser margil, ajeno a todo tipo de ataduras y convenciolismos. En u palabra, libre. ¿Cómo no iba a admirar a un persoje así alguien de las características de Tom Sawyer, que, siendo como es un niño integrado y normal, sueña con fugarse de casa y dedicarse a la piratería, y se pasa el tiempo ideando bromas con sapos e insectos, inventando enfermedades que le permitan faltar a la escuela, tratando de escapar a su cita dominical con el agua y el jabón? Tom Sawyer y Huckleberry Finn componen u de las parejas más célebres de la literatura universal. U pareja unida precisamente por sus diferencias. Con algo de Quijote y Sancho, Tom es el fantasioso que se vuelve loco por imitar a los aventureros de las novelas, mientras que para Huck, formado en la escuela realista de la pobreza, la vida misma es u aventura que él no ha tenido que esforzarse por encontrar. Aventura: tal vez sea ésta la palabra clave. ¿Hay algo más excitante para un niño que la promesa de u vida aventurera? Lo que inevitablemente seduce de los libros de Mark Twain es que sus págis reviven en nosotros un sueño que sin duda todos albergamos en la infancia, el sueño de dejar un buen día nuestro pueblo o nuestra ciudad y salir al encuentro de la aventura.