A sus héroes, la nación les erige estatuas de bronce. Si es un gran soldado, cabalga en la plaza, alto, sobre el pedestal.
Pero la nación quiere conocer también la psicología de su héroe, y no hay monumento capaz de mostrarla, en el héroe están todos, y cada cual encuentra en él algo de lo suyo propio.
Al cabo de un siglo, cuando la libertad conquistada se halla fuera de peligro y el enemigo de antaño desde hace tiempo se ha tornado en amigo, entonces los mívles humanos que lo condujeron se perfilan más claramente detrás de las batallas y de las constituciones, porque los caracteres humanos se renuevan siempre y sus pasiones, sus alegrías y sus penas traen a la posteridad más enseñanzas que el relato de acontecimientos ya dejados atrás.