BUENAS PRACTICAS CINEGETICAS

BUENAS PRACTICAS CINEGETICAS

$ 466.09
Pesos mexicanos (MXN)
Sin Existencia, informes favor de llamar
Editorial:
MUNDI PRENSA (ME)
Año de edición:
ISBN:
978-84-8476-022-1
Páginas:
238
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Este trabajo, que aspira a crecer y mejorar a medida que lo hagan sus autores, lectores y usuarios, es fruto de un intento muy osado de analizar las posibilidades que de verdad tenemos para modernizar la caza en España, entendiendo por ?modernizarla?, adecuarla a los intereses de una sociedad que espera cada vez más de su medio rural: desarrollo socioeconómico, ocio y esparcimiento, conservación de sus valores naturales. En España, hay un millón y medio de cazadores de los que medio millón están federados. El colectivo de personas que en nuestro país se encuentran vinculadas a la caza asciende a dos millones de personas si incluimos guardas y agentes, funcionarios. empleados de granjas y cotos, empleados de armerías y fábricas de munición, el mundo de la comunicación especializada, la parte alícuota de la hostelería de las áreas rurales, gestores, planificadores y un largo etcétera. En 1999, el Congreso Nacional sobre Caza en España cifraba en 500.000 millones de pesetas anuales el movimiento económico que genera la caza. Esta cifra, unida a los estimados 130.000 empleos equivalentes que genera, confiere a la caza el carácter de sector estratégico para la economía nacional. Sin embargo, nadie parece satisfecho entre los sectores vinculados a la actividad cinegética: los cazadores encuentran obstáculos burocráticos para la práctica de la caza, que por otra parte no alcanza los niveles deseables de calidad, estabilidad y abundancia. Los titulares de acotados suelen acusar a la normativa cinegética y de protección de especies de fauna de obstaculizar sus actividades y posibilidades de desarrollo. Las entidades de conservación de la naturaleza exigen a administraciones, cazadores y titulares cinegéticos unas pautas de respeto a especies y ecosistemas que están lejos de cumplirse. Las administraciones autonómicas, competentes para la legislación y control cinegético, se reconocen deficitarias en recursos de todo tipo y trabajan sin suficiente coordinación. Las poblaciones rurales, en fin, no se benefician como debieran de la actividad cinegética ya que ésta no se considera un factor de Desarrollo Rural.