El creciente énfasis que se atribuye a la rendición de cuentas en la cooperación para el desarrollo es resultado de la convergencia de varios factores. Por un lado, existe en muchos países una tendencia, dentro de la administración pública en general y de la administración de la cooperación en particular, hacia la gestión orientada a resultados. Esta tendencia crea sus propias exigencias en materia de evaluación del desempeño de la ayuda, que a su vez se traducen en requisitos correspondientes en la rendición de cuentas. Existe también una percepción generalizada en la administración pública y especialmente entre las agencias de cooperación (incluida la AECI) en cuanto a que los ciudadanos (tanto de forma directa como por medio de sus representantes electos) prestan cada vez más atención y exigen más información sobre cómo se utilizan los recursos.