Jirafa nunca se ha visto en un espejo y, sin embargo, sabe mucho de nubes, viento y frutas. Su desconcierto por no saber cómo es da pie a un cuento poético y delicado sobre la identidad, la autoimagen y la manera en que nos definimos más allá de lo que ven los ojos. Bernasconi convierte la duda de Jirafa en una invitación a celebrar la singularidad de cada ser.