Trato de imaginarme cómo debió haberse sentido ser un caricaturista durante la Segunda Guerra Mundial: caminar hacia la oficina a través de las calles bombardeadas de tu ciudad, agazaparte para protegerte mientras las sirenas antiaéreas sonaban a tu alrededor, preocupándote por tus amigos y seres queridos mientras escuchabas las noticias del día desde el frente.áLo maravilloso de las caricaturas en esta colección es que muestran cuántos caricaturistas estuvieron brillantemente a la altura del desafío. Sus plumas y mentes estaban afiladas a tal punto por la responsabilidad que les había depositado la gravedad de la situación. Diariamente elaboraron obras maestras. Desde todos los rincones del mundo, desde cualquier lado del conflicto, los caricaturistas de todas las naciones dispararon sus salvajes y sutiles dardos al corazón del enemigo. Cómo se habrán enfurecido Hitler y sus partidarios frente a las imágenes de ellos dibujadas en periódicos extranjeros.áDentro de estas páginas se revelan las opiniones de todos los que participaron en el conflicto y puedes darte cuenta de las semejanzas que a menudo comparten, solo que relatadas de una manera diferente. En esos días lejanos los caricaturistas tenían un gran poder. Eran las estrellas de los periódicos y tenían salarios correspondientes a su estatus. Fueron muy solicitados y estrechamente vigilados por los editores, quienes temían perderlos frente a sus rivales. Por desgracia no es lo mismo en estos días, a excepción de algunos cuantos considerados entrañables. Los caricaturistas solían ser muy influyentes y muy temidos. Como caricaturista de esta época, les envidio eso. Usaron ese poder para un gran propósito y nos dejaron imponentes e inolvidables imágenes. Si tuviera un sombrero, me lo quitaría ante ellos. Disfruta el trabajo dentro de estas páginas. Es muy especial.