Luego de exponerse durante 2001 en París, Francia, en Schwiibisch Hall, Alemania, y ya en 2002 en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, ha arribado a la ciudad de México una retrospectiva del gran escultor español Eduardo Chillida, nacido en el País Vasco en 1924. Esta es una invaluable oportunidad que tenemos en México de entrar en contacto directo con un conjunto variado de una obra vigorosa y simultáneamente delicada, llena de energía, de experimentación y también de una evidente voluntad de rigor: Representativas de sus diversas épocas o periodos, a lo largo de cinco décadas creativas, las piezas alojadas en el Museo del Palacio de Bellas Artes componen una muestra muy afortunada de la trayectoria de Chillida: los materiales que ha empleado, los procesos de elaboración de cada trabajo, sus ideas acerca del arte, su apego a signos fundacionales del entorno -el viento, la tierra, la luz, el mar-, su elogio de lo humano y el registro intensamente poético de sus creaciones. A lo largo de los años Eduardo Chillida ha esculpido un gran signo de interrogación al mundo, pero para contestarse ha forjado respuestas sutiles que nos lo vuelven un lugar más habitable. Tener entre nosotros a este prestigiado y original artista sólo puede ser motivo de la más profunda satisfacción. El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes extiende el más amplio agradecimiento a las instituciones y coleccionistas que generosamente han accedido a compartir sus obras con los mexicanos y han hecho posible esta exposición largamente esperada en nuestro país. Estoy segura de que presenciar esta exposición es vivir plenamente la conmovedora experiencia de encontrarse con uno de los talen,tos sobresalientes de la escultura universal.