Por lo extenso de su historia, resumir las diversas etapas por las que atravesó el país asiático, resulta un ejercicio difícil de realizar, pero si alguna palabra pudiera definir a China en su larga trayectoria, sería resistencia, y si algún calificativo pudiera agregársele, sería el de adaptación. Lo que hace diferente a China de otras culturas y de otros imperios, es la permanencia, la enorme continuidad que el país asiático ha podido sostener a lo largo de casi cuatro milenios, en los que a través de una gran capacidad de adaptación ha sorteado tanto sus difíciles cambios internos, como sus diversos encuentros con el mundo exterior.