Las ciudades son escerios en los que se desarrollan las luchas entre la permanencia y el cambio, lo público y lo privado, la turaleza y la tecnología, la luz y la oscuridad. Las urbes nos necesitan para sobrevivir, para no estar condedas de manera irremediable. De igual forma, precisamos de ellas pues al construirlas y reconstruirlas, se convierten en testimonios materiales de identidad, cultura, pasado y anhelo. Terence Gower ha concebido la urbe como un espacio material plural en el que se hallan visiblemente superpuestos los diversos estratos del pasado y en el que, sin importar la masificación y la uniformidad, sus calles, construcciones, espacios públicos y habitantes aún conservan esas sutiles singularidades, agonizantes islotes de la individualidad, que tanta riqueza imprimen a la vida cotidia. Hoteles, edificios departamentales, salones de clase, residencias particulares, campus universitarios y pabellones se han transformado en símbolo de u capital.