La diversidad de las ciudades má,s bellas del mundo es realmente asombrosa. Existen ciudades modernas con inmensos rascacielos que se pierden en las alturas, como Nueva York o Chicago, ciudades santas, como La Meca o Jerusalé,n, capitales que deslumbran, como Londres o Parí,s, ciudades romá,nticas, como Venecia o Praga, e incluso pequeñ,as joyas poco conocidas, como Samarcanda o Lalibela. La riqueza de culturas, ambientes y arquitecturas es infinita, y eso será, lo que descubramos viajando por los zocos de Marrakech, los mastodó,nticos rascacielos de Dubai, los canales de las ciudades del norte de Europa o las cé,lebres playas de Rí,o de Janeiro, desde el &ldquo,techo del mundo&rdquo, en el Tí,bet, con la ciudad de Lhasa, hasta las arenas del Sahel, donde se esconde Tombuctú,, la perla del desierto...