¿Cuantas veces hemos oído decir a un profesor que nuestro hijo tiene un potencial extraordinario pero que "no se aplica lo suficiente" o "debería esforzarse un poco más"? ¿Cuántas veces hemos dicho lo mismo a alguno de nuestros hijos? ¿Y ese compañero de trabajo que parece incapaz de terminar nada y nunca entrega a tiempo sus informes o proyectos? Independientemente de las excusas que oigamos, sospechamos que la pereza es la verdadera razón de su baja productividad.