Los cristianos vivimos en la sociedad y formamos parte de ella. Somos ciudadanos normales y corrientes, como todos los demás, pero hemos de esforzarnos por ser coherentes con nuestra fe en este mundo al que amamos profundamente para llevarlo de nuevo a Dios. "Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un óceano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo" (Juan Pablo II, Novo Milennio ineunte, n. 28) ¿Con qué principios morales y criterios de juicios se han de llevar a cabo esta inmensa y apasionante tarea?