En un artículo publicado en 1894 la novelista inglesa Sarah Grand acuñaba la expresión ´Nueva Mujer´ para referirse a las mujeres que, rebelándose contra el abnegado papel que les había tocado desempeñar en la era victoriana, empezaban a desafiar convencionalismos y normas sociales y luchaban por ser independientes profesional, política y emocionalmente. No necesariamente militante, aunque siempre enérgica, la Nueva Mujer dio pie a un nuevo prototipo de heroína en literatura: por primera vez pudieron leerse relatos protagonizados por mujeres escritoras, periodistas o detectives, que ejercían la medicina o administraban un banco, mujeres que abandonaban sin melodramatismos a sus maridos, incluso el mismo día de la boda, o que veían la muerte de éstos como una auténtica liberación, mujeres que conseguían que los hombres entablaran con ellas relaciones de igualdad. La crítica a la sumisión femenina era por primera vez feroz, y tan convencida que en algún caso hasta se permitía ser magnánima. Cuando se abrió la puerta reúne veinticinco relatos escritos entre 1882 y 1914 no sólo por las ´nuevas mujeres´ sino por los hombres a los que inspiraron.