Pepito Grillo caminaba por la ciudad cuando le sorprendió la noche. Un poco asustado, buscó con la mirada un sitio confortable donde dormir y vio una casita en cuya ventaja brillaba una luz muy cálida. Ni corto ni perezoso, el grillo se acercó a la ventaja y, de un salto, se coló por una pequeña rendija. Pepito Grillo fue a parar al taller de un viejo carpintero. El carpintero se llamaba Gepetto y aquella noche tallaba un gran trozo de madera.