Rey, emperador, príncipe, zar, kan, sultán, faraón. El nombre de los cargos ocupados por los soberanos de todos los tiempos varía de acuerdo a la estructura política de cada región. Esto nos dice mucho acerca de las diferentes épocas y culturas. En el antiguo Egipto, por ejemplo, el faraón era considerado una divinidad. En China el emperador tenía el poder supremo heredado del cielo. Y en Europa los reyes y señores feudales también vivieron durante siglos de una visión religiosa del mundo. Como ya veremos, algo cambió con la Revolución francesa. Pero lo cierto es que, más allá de las creencias, la adoración por el poder es un fenómeno universal. El estilo de vida de los poderosos ha sido siempre admirado. Su imagen se impone y se convierte en modelo y anhelo para muchos. Cuando alguien triunfa, tiene éxito o sobresale por su excelencia se suele decir que es el rey. Si además baila bien, entonces se convierte en el rey de la pista, o el rey del mambo. ¿A quién no le gusta que le atiendan a cuerpo de rey, o mejor aún, vivir como un rey? ¿Acaso no es normal que los enamorados o las personas unidas por el afecto se llamen ?rey? o ?reina´ Quizás estas expresiones suenen un poco anticuadas, pero todavía podemos oírlas entre quienes alguna vez fuimos plebeyos, luego siervos y súbditos, hasta convertirnos en el pueblo libre que elige a sus gobernantes.