érase una vez un campesino muy pobre que todos los jueves pasaba la mañana en el mercado. Allí vendía de todo. Había puestos de comida, de ropa, de cacharros y, un poco más lejos, vendían animales: vacas, cerdos, ovejas, pavos... Pero como el campesino tenía poco dinero, sólo pudo comprar una gallina. En cuanto llegó a casa, se la enseñó a su mujer.