La reflexión sobre la corporalidad se ha convertido en importante esfera de análisis, luego del impulso disolutorio de los universales tan afín a la posmodernidad. Nos encontramos en un momento en que las humanidades y las ciencias sociales se preguntan de nueva cuenta en dónde radica la identidad humana. Por eso el cuerpo -nuestra más evidente naturaleza común- se constituye en plataforma de indagación sobre el sentido profundo de esa identidad y el tejido relacional en que se halla inmersa, tanto en lo social como en lo cognitivo, lo político o lo educativo. Cuerpo, sujeto e identidad aspira a recorporeizar los saberes educativos, y por ello se interna en cuestiones como la historia del cuerpo en el pensamiento filosófico, las implicaciones de la corporalidad en la relación maestro-alumno, o una pedagogía que no proscriba la dimensión somática de los procesos de enseñanza, todo con miras a enriquecer la autopercepción y convertirla en centro de nuevos modos de ubicarse en el mundo y ante el otro.