En las últimas décadas, en todo el mundo se han desarrollado métodos, más o menos tolerables, que tratan de ensañar cuestiones morales en las escuelas públicas, desde el punto de vista -tan susceptible- de la Iglesia como del Estado, lo que hace su enseñanza un problema de suma sensibilidad. Los juicios morales sólidos no están basados en sentimientos, sino en hechos objetivos y razonamientos honestos. Las discusiones morales acerca del uso de drogas y de tener sexo llevan, a decisiones que no tienen nada de subjetivas. Guiar a los hijos para formarles, un carácter no sólo significa: hacerlos buenos para debatir, sino convertirlos en buenas personas. El carácter es nuestra propia basé para que personalmente aceptemos principios razonados sobre cómo un buen ser humano debería o no actuar. De corazón, a corazón es una invitación a descubrir que los valores no están sujetos a modas o tendencias de pensamiento, sino que constituyen una regla de vida, la cual nos llevará a ser mejores seres humanos, más plenos y más felices.