Viajar con Jenny Diski resulta una experiencia, cuando menos, insólita. En primer lugar, porque se declara sin rubor fanática de la inmovilidad y amante de la existencia sedentaria. Luego porque, paradójicamente, no duda en recorrer el mundo como si fuera uno de aquellos aventureros de los tiempos heroicos. Y por último, aunque no sea lo menos importante, porque al dar forma a sus impresiones viajeras, su inteligencia, capacidad de observación e ingenio cristalizan en una escritura fresca y nada convencional. En esta ocasión Diski nos invita a acompañarla a tres escenarios muy distintos: Nueva Zelanda, el apacible aislamiento de la campiña inglesa y los helados paisajes del Círculo Polar Ártico. En unas páginas brillantes y llenas de ironía, Jenny Diski nos brinda observaciones en las que se combinan la mejor tradición del humor británico, la agilidad del reporterismo y una vena meditativa que trasciende el género de viajes para reflexionar, en suma, sobre la propia condición humana.