En este libro no se intenta relatar ni una historia de la vida de Degas, ni su historia de su arte, ni tampoco su explicación de lo uno por lo otro. Voy a intentar describir aquella unidad a la que nos referimos cuando hablamos de Degas, pero no quiero seguir sus raíces en la historia y la biografía. El esquema literario de la monografía de artistas, acuñado por Vasari en el siglo XVI, sigue conservando hoy en día, en muchos aspectos, su carácter ejemplar. Lo que se escribe sobre el origen y la juventud del artista precede a una enumeración descriptiva de sus obras que, finalmente, desemboca en una valoración de la personalidad del artista. En una época en que las interrelaciones entre el individuo y la obra han dejado de tener el carácter de una unidad en sí misma, estado abiertas a numerosos factores contradictorios, no podemos aferrarnos inquebrantablemente a ese esquema. La alternancia entre boceto biográfico y análisis detenido de las obras corresponde a este principio.
Se trata, ante todo, de presentar la plenitud de posibilidades de expresión del arte de Edgar Degas, que superan de modo experimental una gigantesca tarea. Quien se adentra en lo específico de su creación pictórica y su contexto, ya sea por su concentración en determinados temas, ya sea por su método artístico, pronto reconocerá que el espectro de su obra es muy superior al de los motivos que se han hecho populares. Ninguna observación unilateral está en condiciones de aprehender adecuadamente la complejidad de un pintor afectado por igual por los grandes movimientos artísticos de su tiempo, como Realismo e Impresionismos, pero que se mantuvo alejado de ellos. Degas fue siempre, siguiendo su propio camino, un partisano del arte. Su rechazo de todo compromiso, tanto en lo artístico como en lo personal, contribuyó a que fuere apostillado como excéntrico de la vanguardia histórica.