El médico forense, como responsable de informar al juez sobre las circunstancias en que se cometen determinados delitos, necesita trabajar con protocolos de investigación que cubran por entero sus necesidades, mientras que el jurista debe ser capaz de comprender los términos en los que se expresa el perito medicolegal. La intención del autor es mejorar la comunicación entre médicos y abogados, es decir, hacer más comprensible para ambos profesionales el lenguaje técnico que maneja su contraparte, con el fin de esclarecer los hechos delictivos y lograr que la impartición de justicia sea expedita e imparcial. El lenguaje sencillo y conciso con que se exponen los temas de este manual, permite a los lectores entender fácilmente cómo debe efectuarse el examen físico de la víctima y del agresor, cuáles son las consecuencias para la víctima, derivadas del delito, y de qué modo elaborar la historia clínica.