Resulta una afirmación obvia que la alimentación es el factor exógeno fundamental del crecimiento y desarrollo, que constituyen los dos fenómenos biológicos que caracterizan la infancia y adolescencia. Pero la alimentación durante la edad pediátrica también tiene una gran trascendencia en la proyección de la calidad de vida del adulto. Es fundamental el aporte correcto y el equilibrio cuantitativo y cualitativo de los distintos principios inmediatos, el aporte vitamínico, los oligoelementos, etc., que constituyen los distintos componentes del organismo que deben ser aportados en la alimentación diaria. Esta ingesta calórica debe distribuirse a lo largo del día. El desayuno debería proporcionar el 20-25% del aporte energético diario, la comida el 30%, la merienda en torno al 10%, y la cena el 25-30% restante. El aporte energético-cálorico del desayuno es un elemento clave con el fin de poder afrontar no sólo la actividad física a lo largo de la mañana sino, lo que es más importante, permitir un correcto rendimiento cognitivo en las tareas escolares. Sin embargo, a pesar de la importancia del desayuno en la dieta de los niños y adolescentes, el Estudio enKid recogido en este libro pone de manifiesto que, en España, el 8% de nuestros niños y jóvenes acuden al colegio o a sus ocupaciones sin desayunar, e incluso el 4% no consume ningún alimento a lo largo de toda la mañana.