Un texto teatral es una botella al mar, y el escrito que lleva dentro sólo cumplirá su razón de ser cuando tope con su interlocutor.áPero por qué esta obstinación en escribir teatro, si ya se han establecido un número finito de historias. Porque el acto creativo no responde a las clasificaciones del análisis ni se encuentra cómodo en la contemplación. El acto creativo opta por la participación, entra en combate (en ocasiones hasta consigo mismo), se compromete porque quiere intervenir, porque el acto de escribir y de llevar lo escrito a la escena da cuenta de la inquietud vital de intervenir en la realidad; del compromiso que no repara en la posible trascendencia de lo creado, sino que llanamente da sentido a la existencia misma y posibilita el encuentro con el otro, sólo eso. Lo que venga después ningún creador es capaz de saberlo, mucho menos de controlarlo. Botella al mar pues.áDescomposición se suma a esta cadena al conectarnos con dos personajes multidimensionales que dan cuenta no sólo de su descomposición personal, sino de esa descomposición mayor y más poderosa de la sociedad a la que estos dos seres se adscriben con una tenacidad atroz.áBienvenida sea esta botella-publicación, ojalá recale en el mayor número de playas-interlocutores.Fidel Monroy B.