El fin principal de la educación en todos los pueblos, que han brillado sobre el gran teatro del mundo por sus virtudes, y sus enseñanzas, ha sido siempre hacer sano el entretenimiento, y vigoroso su cuerpo.áLa depravación de las costumbres ha llegado, en las grandes ciudades especialmente, a un término más allá de lo que se podía preveer. Los cuerpos lánguidos y sin fuerza, la almas sin energía, y anonadado el valor; y si algunos rasgos de heroísmo consuelan algunas veces la tierra, procede de un resto del espíritu nacional, que se reanima de tiempo en tiempo en medio de los despojos que la rodean, y que sobrevive a la extinción de otros sentimientos.