Como punto de partida el autor reconoce la ancestral dificultad de las sociedades para alcanzar justicia social, igualdad de oportunidades y disminución de la violencia, y defiende el enfoque de las humanidades y las ciencias sociales para revertir el tránsito a la desmodernidad´. Zermeño asume u posición radical contra la economía abierta al definirla como un ´enemigo de nuestro tiempo´ y propone u reconstrucción social de gran magnitud para detener ese proceso. A pesar de moverse en un horizonte conceptual que recupera las ideas de los principales críticos de la globalización, su acento en México sirve como ejemplo y denuncia de un caso crítico. La respuesta está en la redimensión del individuo y sus construcciones sociales frente a los sistemas de la domición económica y la hegemonía política impuestas por la asociación del Estado con la iniciativa privada. Colocar fuerzas sociales frente a decisiones históricas es la única altertiva para detener el estado de desorden. ´