A María le gusta hablar de todo y con todos, hasta con las piedras, pero los demás a veces se cansan de su palabrerío. A su hermano chico no lo deja dormir, pues habla hasta en sueños. Su papá y su mamá tienen que cuidar que la parlanchina hija no se quede hablando con la gente en la calle. Un día sucede algo extraño: a María le cae una caja de cereal en la cabeza, y cuando después quiere hablar, ya no puede. Su voz ha desaparecido.