´Afirmar de entrada que este libro se sitúa en una perspectiva crítica es la menos importante de las advertencias que deben hacerse´, dice Gilbert Rist en su Introducción. Sin embargo, es desde esta perspectiva como el autor repasa la historia de una idea, la del ´desarrollo´, que ha fascinado a las sociedades del Norte y del Sur, y también la del ´subdesarrollo´, acuñada a mediados del pasado siglo. ¿Cómo explicar un fenómeno que no sólo aúna las esperanzas de millones de personas, sino que también moviliza importantes recursos financieros y que, pese a todo, parece alejarse, como el horizonte, cuando nos acercamos a él? ¿Cómo no rendirse a la idea de que pudiera existir un método capaz de eliminar la pobreza que aparece por doquier? ¿Cómo atreverse a pensar, al tiempo, que el remedio pudiera agravar el mal que se pretende combatir? Rist se interroga sobre la evidencia que parece caracterizar a una idea como la del ´desarrollo´, destinada a lograr adhesiones unánimes, pero que es el resultado de una historia y una cultura particulares. Las representaciones que se asocian con ella y las prácticas que implica varían radicalmente según se adopte el punto de vista del ´desarrollador´, comprometido en hacer llegar la felicidad a los demás, o el del ´desarrollado´, obligado a modificar sus relaciones con la sociedad y con la naturaleza para entrar en el mundo nuevo que se le promete, sin hablar del tecnócrata encargado de redactar un texto en el que se manifieste la originalidad de la institución que le ha contratado, ni del investigador decidido a demostrar que los indicadores que él ha seleccionado son los únicos capaces de dar cuenta del fenómeno que se estudia. El autor relee los textos fundamentales del largo periodo optimista del ´desarrollo´ (desde la Antigüedad clásica a los años setenta del pasado siglo) para llegar a una fase final en la que, reconocida la incapacidad de resolver los problemas que agobian a la mayor parte de la humanidad, las teorías del ´desarrollo´ se convierten en modelos que pretenden resolver los ´problemas de la deuda´, ´del medio ambiente´, justificar intervenciones más o menos humanitarias y terminar apareciendo como un mero residuo que intenta apoyar los procesos de globalización.