En todas las épocas, han coexistido diferentes conceptos artísticos y sus correspondientes formas de expresión, que han propiciado un amplio abanico estilístico. El siglo XX fue una muestra más de esa multiplicidad de tendencias que convivían y se influían, y que también a menudo se oponían. Frente al academicismo derivado del neoclasicismo y el romanticismo, primero el realismo y, más tarde, el impresionismo volvieron a describir lo cotidiano y próximo, por encima de los grandes temas históricos, religiosos o alegóricos. Enlazaban así como la pintura holandesa del siglo XVII, tanto conceptual como incluso temáticamente, separándose de ella tan sólo para la técnica pictórica.