La vida del jefe Seattle es un reflejo del destino que aguardaba a los indios norteamericanos, victimas de la codicia de los blancos.
Nacido en 1786, Seattle fue un sabio y valeroso jefe de varias tribus asentadas en el actual estado de Washington. Cuando en 1833 los blancos arribaron por vez primera a sus costas, Seattle los escogió con generosidad. Pero la buena fe del jefe indio no impidió que en 1855 los blancos expulsaran a su pueblo y lo confinaran en una reserva. Para protestar contra tamaña injusticia, Seattle pronuncio un memorable discurso en el que reivindicaba los sagrados vínculos del hombre con la tierra que le ha visto nacer, renegaba contra la idea misma de la propiedad de la tierra y defendía con fervor el respeto que todos debemos a la naturaleza de la que formamos parte indisoluble. Sus hermosas palabras constituyen un anticipo del mensaje ecologista y tienen hoy mayor vigencia que en la época en que el jefe indio las pronuncio.