Cuando el movimiento campesino en México se creía pulverizado, logró rearticularse en una explosiva y efímera lucha en el primer lustro del nuevo milenio. Surgió en contra de los antagonismos ocasionados por el capitalismo neoliberal periférico que excluye a los campesinos y estalló por la coyuntura del presupuesto sectorial menguante, la última etapa de desgravación del Tratado de Libre Comercio, y la nueva Ley de Seguridad Agrícola estadounidense. Bajo el lema El campo no aguanta más, elaboró una plataforma campesinista incluyente e integral, reivindicando el papel productivo del campesinado. A través de variadas y multitudinarias manifestaciones, llamó la atención tanto mediática como política. Las vivencias de El campo no aguanta más nos dejan varias interrogantes, y la autora busca reconstruir el movimiento con particular énfasis en la complejidad de las contradicciones enfrentadas externamente y manifestadas internamente. Expone el contexto de la protesta, los alcances, las limitantes, los problemas y los errores, además explica los matices de su desarrollo y desintegración.