Entre el olvido y el desdén, la ignorancia y la hostilidad, que se proclaman una y otra vez desde púlpitos, cátedras y tribunas sin fin, plantearse defender el orgullo de ser empresario semeja una gran temeridad. Sin embargo, tal es el objetivo de Arturo Damm en este libro breve y vigoroso que revisa y desmonta la mayoría de los dogmas y lugares comunes que apuntan a la desvalorización de la figura del empresario. El autor no es amigo de todos los empresarios sino de los empresarios competitivos, que no es lo mismo. Defiende a los empresarios que quieren servir a los ciudadanos y piden, para hacerlo de la mejor manera posible, que el gobierno no se entrometa en sus negocios. Pero ataca a los empresarios, que son muchos y a veces paradójicamente los mismos, que quieren que el gobierno los ayude con aranceles, privilegios varios y costes que acaba pagando el contribuyente. Por eso no acepta Damm el rescate de empresas con dinero público. Sigue en esa línea la estela de Adam Smith, quien ya protestó en 1776 contra las alianzas entre políticos y hombres de negocio para restringir la competencia en el mercado e imponer mayores precios a los ciudadanos.