Si sólo conociendo el pasado puede entenderse bien el presente, ello adquiere especial importancia cuando ese conocimiento se busca como apoyo para la acción que se va a ejercer sobre dicho presente, continuando su construcción, pero sabiendo que el pasado ayuda a explicarlo sin determinarlo, lo cual desanima todo intento de lectura determinista de la historia y de condicionamiento de la acción con apoyo en ella, sabiendo que la historia no proporciona soluciones obligadas ni garantiza el acierto de las nuevas acciones que se vayan a ejercer sobre la realidad actual, porque ésta es sólo el resultado de un ensamblamiento de episodios, cuya secuencia no obedece a un orden preestablecido en el que cada acción está escrita. El entendimiento de una realidad tan compleja como la ciudad actual, producto histórico fortuito o voluntario, nunca obligatorio, así como el de las posibilidades de intervenir sobre ella, se benefician del conocimiento de su proceso de formación, de su historia, que permite ver con qué lógicas se articulan los nuevos episodios con los anteriores, y cómo se insertan los fragmentos de perdurabilidad en el fluyente devenir del cambio y la transformación.