El puente entre Rousseau y Rawls es un delicioso banquete reflexivo para paladares de inaplazable exigencia: un abordaje sentí-racional múltiple que logra el diálogo entre ambos filósofos sin soslayar o preterir sus a veces insalvables diferencias. Joaquín Moya ha sabido zurcir voluntades y abrir esclusas al entendimiento no para un mero advertir, sino para explorar las posibilidades de una vida humana más digna, más allá de las modas y de los tecnicismos al uso. El paseo por los jardines pensantes de varios filósofos es placentero. A leer y a brindar. Recordemos la frase de Joaquín: ´La metafísica la dejamos para el bar´