El silicio es un elemento químico omnipresente en la Naturaleza, representando más de una cuarta parte de toda la masa del planeta Tierra. Interviene permanentemente en numerosos ámbitos de nuestra vida y su presencia es imprescindible tanto en el mundo animal como en el vegetal. Sin embargo, fue solo a partir de 1957, gracias al descubrimiento de N. Duffaut, cuando comenzó realmente a ser utilizado con fines terapéuticos, abriéndose así un nuevo capítulo en la historia de la bioquímica. La acción de los derivados orgánicos del silicio se ha mostrado efectiva contra numerosos fenómenos patológicos, entre otros los que tienen que ver con el envejecimiento y la esclerosis de los tejidos, los problemas cardiovasculares, las enfermedades degenerativas del sistema nervioso, los problemas de las articulaciones, la descalcificación de los huesos y los problemas dermatológicos. Igualmente poseen propiedades antivirales y por su acción reguladora de la división celular, tienen un considerable interés en la terapia anticancerígena. Cincuenta años después de su descubrimiento, parece que se está cumpliendo lo que ya predijo Louis Pasteur en 1878: «El silicio está llamado a revolucionar nuestros métodos terapéuticos».