GUILLERMO RUBIO Y DE VIZCARRONDO
En el mundo de la delincuencia el narcotráfico, los que no van con rodeos, los que no ocultan su propósito son quienes inician la cadena del crimen, de ahí en adelante, el desfile de personajes puede ser infinito, altamente renovable con penetraciones en cualquier estrato social o político. Un gran ejército de ilusos con tendencias maniáticas, que en el afán de obtener dinero y lo que esto genera, se unen con una facilidad asombrosa a un mundo de oropel y hojalata que los atrae hipnotizados a las estúpidas demostraciones de poder. Ellos son las piezas del ajedrez de la delincuencia. También intervienen las autoridades, estas doblemente traicioneras. El precio que se paga por ingresar a uno u otro bando, es muy llano. Se empieza, por traicionarse a uno mismo. Después, a esperar: la muerte o la cárcel.