Su grito de libertad se escucha todavía en los caminos y campos de México. Su figura resurge como una promesa de bienestar y un símbolo casi sagrado de lucha en contra de la tiranía y la injusticia. Emiliano Zapata tuvo un solo lema y un solo objetivo en su vida: la tierra es de quien la trabaja, y debe ser devuelta a quienes les fue arrebatada. El país estaba saliendo de treinta años de dictadura sofocante. Casi la mitad de su territorio era propiedad de unas cuantas manos, y los campesinos eran esclavos en su propia tierra. Al lanzarse a la lucha, Emiliano sabía que su causa era no solamente justa, sino de una importancia histórica. Pero el hombre que estaba detrás de la leyenda era, simplemente, un ser humano.