Hace años ya, jóvenes de la comunidad Cona?ac competían con caballos para demostrar rapidez al correr y resistencia a la distancia. Cuerpos altos, esbeltos, sudorosos, de largos y negros cabellos como crines al viento prácticamente volaban sobre la línea costera, contemplados de cerca por los ojos oblicuos de los ligeros animales. Era un honor al menos alcanzar las mismas marcas que los potros. Con la fuerza de su temperamento, la tenacidad que otorga el amor a la vida y la paciencia del universo, han ido desmenuzando los secretos del mar y el desierto que los rodea. Los Koyka?ak -como ellos se definen en su propia lengua-, han sobrevivido como las cactáceas, las serpientes, el águila, el cimarrón o el venado Bura. No sólo han resistido a esta ruda naturaleza sino que han sabido adaptarse y convivir con ella. Sin parientes indígenas en otras regiones de México, han fincado su identidad en tres vertientes: su territorio, a partir del cuál se constituyen y conforman su cultura, en particular el modo